By Daniel Higa Alquicira | February 25, 2013 8:09 AM CST

La Policía Comunitaria y los “Grupos de Autodefensa” de Guerrero

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La Policía Comunitaria y los “Grupos de Autodefensa” de Guerrero

 

La Policía Comunitaria y los “Grupos de Autodefensa” de Guerrero
La Policía Comunitaria y los “Grupos de Autodefensa” de Guerrero

Daniel Higa Alquicira

En días recientes el tema de moda tanto en la escena política como en los medios de comunicación es el surgimiento de grupos denominados de "autodefensa" en las regiones de la Costa Chica y La Montaña del estado de Guerrero, así como en municipios de Oaxaca cercanos a estas áreas.

Estos grupos de personas, que en su mayoría están encapuchados y armados, vigilan los poblados y mantienen retenes en los accesos a sus localidades con el fin de evitar que miembros del crimen organizado sigan extorsionando y lastimando a su gente, según lo han declarado.

La mayoría de los "grupos de autodefensa" forman parte de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (Upoeg), organización liderada por Bruno Plácido Valerio, quien se ha identificado como uno de los principales promotores de armar y encapuchar a gente de la sociedad civil para defender su territorio en contra de los abusos del crimen organizado.

La discusión a nivel nacional que ha ocasionado la aparición de estos grupos -incluso provocó un enfrentamiento verbal entre el gobernador de Guerrero Ángel Aguirre y Manlio Fabio Beltrones-, es grande pero confusa.

Hay voces que reclaman la aplicación de la ley a estos "grupos de autodefensa" y/o Policía Comunitaria y se les tacha casi de criminales. Otras voces exigen que el gobierno estatal haga algo para regularlas y evitar su propagación. Y los menos, están tratando de entender qué es lo que verdaderamente pasa en esas zonas y no sacar de contexto esta realidad.

Pero más allá del reclamo o preocupación que tienen estas voces al expresar su punto de vista, hay un enorme desconocimiento de lo que sería la Policía Comunitaria y los "Grupo de Autodefensa". Incluso se les utiliza como sinónimos y los medios de comunicación, los políticos y hasta los más prominentes columnistas intercalan incorrectamente estos dos conceptos para referirse a una misma cosa.

Entonces, para evitar confusiones e ir aclarando el panorama, los "grupos de autodefensa" en teoría solamente tiene como principal objetivo evitar que los criminales sigan intimidando y dañando a la población de esas regiones.

A diferencia de la Policía Comunitaria, que tiene estructurado todo un sistema de impartición de justicia y de "reeducación" de los delincuentes para lograr un desarrollo integral de sus comunidades.

Estos "grupos de autodefensa" son "independientes" y no pertenecen al Sistema de Seguridad y Justicia Comunitaria ni a la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC), que es una instancia reconocida oficialmente y la máxima autoridad de la Policía Comunitaria, encargada de impartir "justicia" a través de un reglamento interno al que se someten las 108 comunidades que comparten este modelo.

Por otro lado, los Policías Comunitarios tiene la obligación de mostrar el rostro en todo momento y no estar encapuchados como los de "autodefensa". Además, la agrupación Comunitaria se fundó el 15 de octubre de 1995 y tiene su fundamento legal en la Ley 701 aprobada en 2011 por el Congreso Local; se apega al Convenio 169 de la OIT y a la Declaración de las Naciones Unidas de los Pueblos Indígenas; cosa que no tienen los otros grupos de civiles armados de la región.

De tal forma que durante estos 17 años de existencia de la Policía Comunitaria, han sido capaces de lograr todo un mecanismo de prevención del delito fincado en la confianza y la cooperación de todos los miembros de la sociedad.

Las comunidades pertenecientes a la CRAC tiene la obligación de eliminar todo los plantíos de droga, denunciar a delincuentes aunque sean de su propia comunidad, no permiten casos de corrupción; castigan moralmente a los delincuentes y sobre todo, confían en sus autoridades elegidas de manera masiva en asambleas generales y en sus sistema de impartición de justicia.

Según datos de Pablo Guzmán,  Coordinador Regional de Autoridades Comunitarias, los delitos y la delincuencia en las comunidades pertenecientes a este organización han disminuido en un 90%; no ha habido un  sólo muerto por enfrentamientos con la Policía Comunitaria y no hay narcotráfico en la zona.

Tal vez por todo esto no se había hablado de la Policía Comunitaria y de su Sistema de Seguridad. Existen desde hace más de una década y nadie había puesto en tela de juicio su razón de ser. Ha sido tan exitoso su modelo, que prácticamente no pasa nada en esos pueblos y por lo tanto, no hay nada que se pueda decir de ellos en los medios de comunicación. No hay asesinatos ni droga ni disputas ni inseguridad.

Pero más allá del peligro que nos puede representar ver a civiles armados haciendo la tarea de policías, esto tiene un origen en la falta de respuesta de las autoridades para atender las demandas de los pobladores de estas zonas del país, que prácticamente están a la "buena de Dios" porque nadie los volteaba  ver.

Hay que recordar -por si alguien todavía no lo sabe- que las zonas de La Montaña y de la Costa Chica de Guerrero así como de la Costa Grande de Oaxaca, son extremadamente pobres, integradas principalmente por gente indígena mixteca, tlalpanecas, comunidades negras y algunos mestizos.

Han tenido que encontrar a lo largo de los siglos sus propios medios de sobrevivencia y organización social y cultural.  Por lo tanto y sin justificar los hechos, antes de enjuiciar la labor que ha hecho la Policía Comunitaria de estas regiones y "poner el grito en el cielo" -como decía mi abuelita- por el surgimiento de "grupos de autodefensa", hay que analizar sus contextos, sus necesidades y sus realidades.

Después de esto y de manera objetiva son válidos todos los juicios y todas la voces. Porque no es solamente un problema de seguridad o de civiles armados, es un problema de marginación, de olvido, de burlas por parte de las autoridades; de abusos criminales y todo un contexto socio-cultural que ha permitido que estas regiones del país sean denigradas y descalificadas tanto si hacen algo como si no hacen nada.

 

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