By Edmar Ariel Lezama | January 14, 2013 10:21 AM CST

¿De verdad necesitamos una reforma laboral?

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¿De verdad necesitamos una reforma laboral?

 

¿De verdad necesitamos una reforma laboral?
¿De verdad necesitamos una reforma laboral?

Ya sea en momentos de crisis o auge económico, organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) proponen que cada país miembro se someta a una revisión minuciosa de sus leyes y comiencen a plantearse todo tipo de reformas estructurales, lo cual es benéfico para la economía en su conjunto.

En lo referente al campo laboral, una modificación a las leyes existentes nunca es bien recibida, dando como principal argumento en contra, la fecha en que se crearon dichas reglas. El FMI y simpatizantes con su corriente del pensamiento  exponen que la realidad social y política no es la misma hace 30 años  que la observada en estos días, por lo que leyes laborales antiguas deben ser sustituidas por otras de reciente creación.

Aunque el razonamiento anterior resulta plausible en algunos casos, sigo encontrando necesaria la revisión de las leyes actuales antes de intentar cambiarlas, para después diagnosticar si el problema son todos los artículos redactados en los códigos laborales o la falla viene al momento de la ejecución de las mismas.

En el caso mexicano, el artículo 123 de la Constitución Política de 1917 da origen a las leyes laborales en nuestro país, debido a que en ese artículo se establece que "toda persona tiene derecho al trabajo digno y socialmente útil; y al efecto, se promoverán la creación de empleos y la organización social para el trabajo, conforme a la Ley". Un inicio muy lejano, ya que de hoy al 5 de febrero de 1917 han transcurrido 96 años, aunque también debemos considerar que nuestra última Ley Federal del Trabajo antes de las reformas propuestas a finales del año pasado, tiene su origen el 1 de mayo de 1970. La brecha ya no es de 96 años, sino de 43.

Para los analistas, 43 años continúa siendo demasiado tiempo, y si hoy día existe desempleo, informalidad y falta de competitividad, la culpa es de esa vieja Ley Federal del Trabajo por ser antigua.

Justo en este punto vale la pena reflexionar sobre esa legislación puesta en marcha en 1970 y darnos cuentas de algunas características de ella, que al momento de debatir la última reforma laboral mexicana no fueron consideradas. Por ejemplo, en primer lugar, el Estado tiene ya en mente una definición clara de qué es el trabajo, el cual parte de la Constitución Política, para después dar ciertos beneficios en la contratación a la parte trabajadora, ya que al hacer un análisis histórico, la relación entre empresarios y obreros siempre ha sido desigual y sin el mismo poder de negociación, por lo que la ley contempla una contratación de forma individual y colectiva, es decir, cualquier persona puede contratarse para prestar un servicio a otra o a una entidad bien constituida o hacerlo a través de un sindicato. No importa si se accede al trabajo vía sindicato o de forma individual, en ambos casos debe existir un contrato el cual salvo excepciones muy bien definidas, siempre será de larga duración e indefinido. Los puntos anteriores de acuerdo a palabras de economistas del FMI resulta una carga que evita la flexibilización del mercado laboral y obstruye la competencia, por lo que es más práctico facilitar la contratación individual y de corta duración o a prueba.

Habrá que revisar los datos que el Instituto Nacional de Geografía (INEGI) en México da sobre el empleo en 2012 y darse cuenta que del total de trabajadores en México, tan sólo el 10% pertenece a un sindicato, 51% del total cuenta con un contrato escrito, el 55% del total no está más allá de 3 años en la misma unidad de trabajo y entre 1994 y 2012 el poder adquisitivo en México se ha reducido un 27%. A pesar de contar con una Ley Federal del Trabajo de 1970, los números dados a conocer por INEGI dan muestra de flexibilidad laboral, ya que existen salarios rígidos y que tienden a la baja reduciendo los costos productivos, hay contratos de corto plazo similares a los de prueba y movilidad de los trabajadores. Tenemos una Ley Federal del Trabajo que no se cumple a la par que los empresarios fijan reglas a su conveniencia.

Por el lado de la competitividad, tenemos que México ha decidido salir al mundo como un país que se enfrenta a los demás a través de bajos costos salariales. El Departamento del trabajo de Estados Unidos hace una lista de 34 países, donde los cuatro primeros con mejores salarios son Noruega, Dinamarca, Alemania y Suiza; mientras que los últimos dos (los que menos pagan) son México y Filipinas.

Ya existen altos indicios de flexibilidad laboral en México, por lo que una solución al asunto de competitividad no pasa por cambiar la ley laboral, sino por la capacitación y ejecución correcta de las reglas de juego.

Con los datos que organismos serios ofrecen, surge la pregunta razonable sobre si en verdad necesitamos una reforma laboral.

 

Por Edmar Ariel Lezama
@edmar_ariel

 

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