By Daniel Higa Alquicira | January 11, 2013 9:52 AM CST

Entre azul y buenas noches

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Entre azul y buenas noches
Partido Acción Nacional

Daniel Higa Alquicira

Se acabó el poder y se acabó el encanto. Dónde quedaron todos esos días de gloria en donde izaban orgullosos las banderas blanquiazules para celebrar los triunfos electorales en medio de multitudes que se decían felices e incondicionales de la ideología panista.

De un padrón inflado a una realidad pobre de afiliados (militantes y adherentes). Nuevamente el PAN ha demostrado -otra vez- que su mayor descalabro fue llegar al poder. Perdió el rumbo, se allegó de gente arribista y chambista, relegaron a las bases y el resultado es que no solamente perdieron el poder, sino credibilidad y presencia.

Según el portal oficial del PAN, son 207,383 militantes activos y otros 164, 973 adherentes, para dar un total de 372, 356 miembros. Apenas el año pasado el padrón sumaba un millón 868 mil 567 militantes activos; es decir, perdieron algo así como el 80% de su militancia.

Pero esto no significa para los panistas que exista un éxodo masivo ni mucho menos, es solo que el padrón estaba muy inflado y que ahora es más real. Para Gustavo Madero, Presidente Nacional del PAN, este nuevo padrón "es la depuración de datos de personas que no contaban con la documentación completa" y por lo tanto no podían renovar su militancia blanquiazul.

Pero la realidad es que este nuevo padrón es el resultado de la forma en que el PAN fue perdiendo identidad para convertirse en un partido clientelar, corporativista y electorero. No hay que olvidar que el Partido Acción Nacional luchó durante muchas décadas contra el régimen priísta con congruencia ideológica y de principios.

Hoy más que nunca los panistas deben recordar esos tiempos en que el poder estaba muy lejos para personajes como Luis Calderón Vega -padre de Felipe Calderón-, que renunció al PAN por considerar que había perdido identidad ante la embestida empresarial. Y ya ni que hablar de Gómez Morin, fundador de este partido político o de Luis H Álvarez o incluso el propio Manuel Clouthier.

Luego, pasó de ser un partido de derecha social a la representación de la clase empresarial, llegaron los "bárbaros del norte", se apoderaron de los puestos claves y fue tan grande su trabajo que llegaron a la presidencia de la república con Vicente Fox.

Lo que pasó después ya lo conocemos. El propio Fox traicionó a su partido, gente muy cercana a él forma parte de ese "padrón inflado" que ya no son militantes del PAN; las nuevas generaciones -Cesar Nava, Germán Martínez, Roberto Gil Zuarth, entre otros- son acusados de abusos de poder, tráfico de influencias y enriquecimiento desmedido y todo bajó la complacencia de Felipe Calderón.

¿Qué significa esto? Que el PAN, en la búsqueda de obtener el poder,  se convirtió en la nueva versión de una clase política enferma por sacar el mayor provecho de sus puestos políticos. Que muchos de los que no refrendaron su militancia con el PAN no son verdaderos militantes es cierto, pero también es el costo de crear una estructura diseñada exclusivamente para repartir el poder.

Si algo mantuvo en la pelea al PRI en los doce años en que fue relegado del gobierno federal fueron sus bases de militancia incondicional. Lograron hacer crecer su padrón en los tiempos difíciles y esto les aseguró tener la infraestructura -cuestionable si se quiere, pero efectiva para sus objetivos- para echarla andar en los momentos decisivos.

Si bien es cierto que el padrón no necesariamente indica los alcances de un partido político, la realidad es que sin líderes reales, sin presencia ante la sociedad, sin arraigo con sus bases y sin identificación ideológica, es casi imposible que el PAN tenga alguna posibilidad en el futuro inmediato de llegar nuevamente al poder.

Esta es una de las grandes paradojas de la transición democrática en México. El partido que logró el sueño tan anhelado por gran parte de la sociedad de lograr un cambio, se perdió justamente en el ejercicio del poder.

Dicen algunos panistas que gobernar el país fue el principal factor para que el PAN esté como esté. Pero el sueño de grandeza y de obtener cotos de poder es tan seductor que nadie se escapa. Ya lo vimos con el "viejo PRI", lo vimos con el PRD, ahora le sucede al PAN y así en forma descendente todos los partidos políticos sufren -en mayor o menor medida- de esta maldición.

De tal forma que muchos de los que se decían panistas en la época de Fox y defendieron "a capa y espada" al país de un "peligro para México" -como denominaron a AMLO- en el sexenio pasado, ahora seguramente están a las puertas del partido en el poder tratando de demostrarle a su dirigencia que ellos pueden ser unos militantes honestos y comprometidos con sus principios ideológicos... Así es el juego del poder en México.

 

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