By Daniel Higa Alquicira | January 4, 2013 10:19 AM CST

Una guerra de exterminio total

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Una guerra de exterminio total

 

Una guerra de exterminio total
Una guerra de exterminio total

Daniel Higa Alquicira

A un mes de haber tomado el poder el nuevo gobierno federal encabezado por Enrique Peña Nieto, las cosas en temas de seguridad siguen en niveles alarmantes. Las ejecuciones y los asesinatos siguen creciendo, siguen los enfrentamientos entre fuerzas federales y presuntos criminales y la zona centro del país se ha convertido en un campo de batalla.

Según algunos medios de comunicación, son 982 ejecuciones del 1 de diciembre al 1º de enero de 2013. Todos estos casos  siguen la constante de ejecuciones múltiples con mensajes directos a las bandas rivales.

Esto es relevante ya que el nuevo gobierno cambió de forma significativa su discurso acerca de la violencia y esto tuvo un impacto aparentemente positivo en el sentir de la población. Se dejaron de utilizar palabras como "guerra", "lucha frontal" o "erradicar al crimen organizado" y todo esto se cambió por "nueva estrategia de seguridad para pacificar el país".

Sin embargo, las consecuencias que dejó -y sigue dejando-  esa "guerra contra el crimen organizado" que encabezó Felipe Calderón son indignantes. Primero los muertos, que pueden ir desde 47 mil -según las cifras oficiales- hasta los 100 mil según algunas ONG's.

Luego los miles de desplazados, que van desde los  120 mil -según cálculos de Parametría-, hasta cerca de un millón de personas según algunas ONG's.  Y para terminar los desparecidos,  que nadie puede ponerse de acuerdo cuantos son pero que superan fácilmente los 30 mil.

En días recientes, el Periódico La Jornada publicó un reportaje en donde investigó qué es lo que pasa con las personas que han muerto en situaciones de violencia y que  técnicamente no son  identificables por falta de información o por falta de elementos y métodos para conocer su identidad.

Según este diario, de enero de 2006 a agosto de 2012 se realizaron 15 mil 618 perfiles genéticos de cadáveres "jurídicamente no identificados", de los cuales solo 425 fueron identificados (sin que esto signifique que hayan sido entregados a los familiares) y todos los demás fueron a dar  a la fosa común.

Pero estos resultados tienen un origen y es que al menos 13 estados, entre los que se encuentran Sinaloa, Durango, Coahuila y Guerrero, que cuentan con altos índices de violencia y asesinatos- no cuentan con laboratorios para estudios de genética y en algunos de sus municipios tienen incluso que contratar funerarias privadas para realizar las necropsias de ley porque ya no caben en los espacios oficiales.

Los expedientes de los muertos no identificados son pobres ya que la mayoría no cuenta con huellas dactilares o faltan fotos de los peritajes realizados y mucho menos cuentan con información genética del cuerpo.

Solo hay que recordar el caso de Heriberto Lazcano Lazcano, que nunca pudieron oficialmente demostrar que verdaderamente era él a través de pruebas confiables. En el fondo, lo que revelan estos datos, es que México no estuvo ni está preparado para manejar una guerra que ha dejado tantos muertos.

Por omisión o falta de capacidad de las autoridades, estamos viendo los resultados que los propios grupos criminales se propusieron lograr; es decir, aplicar una guerra de exterminio total en donde los muertos desaparezcan de la faz de la tierra sin dejar rastro alguno de su existencia.

Cuerpos desmembrados y calcinados, entierros clandestinos masivos, cuerpos desintegrados en ácidos; todo esto forma parte de una idea preestablecida de acción en donde los grupos criminales pretenden aterrorizar a sus rivales y a la sociedad en general con el mensaje de que no basta con ser asesinado, sino que hay que borrar toda evidencia física de su existencia.

Aunado a esta forma de acción exacerbada y criminal, se conjuga  la falta de tecnología, conocimientos y elementos científicos (como profesionales genetistas) por parte de los gobiernos locales, lo que ha dado como resultado una guerra de exterminio entre las bandas criminales en la supuesta lucha por controlar territorios y rutas de traslados de droga.

El problema real es que esta guerra de exterminio ya alcanzó a la sociedad civil (migrantes, estudiantes, profesionistas, etc.) y no hay forma ni autoridad alguna que pueda defenderla verdaderamente y protegerla de este horror que han vivido miles de familias de víctimas inocentes.  Un día desapareces y nadie más sabe de ti, porque aunque encuentren el cadáver,  vas a parar a la fosa común sin rastro alguno de lo que fuiste en vida...

 

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