By Edmar Ariel Lezama | November 5, 2012 11:59 AM CST

EPN frente a un México invertebrado

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EPN frente a un México invertebrado

 

EPN frente a un México invertebrado
EPN frente a un México invertebrado

En poco menos de un mes, Enrique Peña asumirá el cargo como Presidente de México, en medio de dudas sobre cuál será su actuar y si en verdad él será capaz de deslindarse de los viejos hábitos y descomposición social que su partido político fomentó.

Para entender de mejor manera lo anterior, no olvidemos que el escenario central de debate y representatividad en nuestro país se encuentra en el Congreso, mismo lugar que durante mucho tiempo fue manipulado de mala forma por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), ya que en buena parte del siglo XX en nuestro país, a pesar de salir a las urnas cada 3 y 6 años, no existía la más mínima condición de transparencia y representatividad, ya que el mismo PRI se creaba mayoría absoluta en las dos Cámaras, y desde ahí, aprobaba lo ya acordado al interior de su élite. Lo que en el Congreso pasaba no era más que un teatro simbólico de una supuesta democracia. Esa aparente estabilidad en el Senado y Cámara de Diputados en el México antes de la década de los setenta, hizo que el Revolucionario Institucional  se consolidara como uno de esos partidos de la Europa del Este comunista o el Chino, donde la autoridad máxima era el Presidente, y lo que se planteaba para la sociedad no se discutía en ninguna tribuna.

Abrir el sistema a nuevos elementos significaría perder beneficios adquiridos que el poder da. El PRI nunca tuvo que luchar contra un "pensamiento crítico" en la máxima tribuna del país, ni recibir cuestionamientos  en ese mismo lugar sobre como actuaba contra manifestantes que pedían cambios al sistema, porque como ya he mencionado, la Cámara de Diputados y Senadores no era más que un anexo del Revolucionario Institucional donde se firmaban los acuerdos ya contraídos anteriormente.

El PRI como partido de Estado era muy lento al tratar de adaptarse a los nuevos tiempos, pues fue hasta 1977, que Jesús Reyes Heroles promovió una reforma política donde se intentaba dar representatividad real en el Congreso, permitiendo la llegada de otros partidos, y facilitando la legalización de otros, como el Partido Comunista Mexicano (PCM).

A pesar de existir Senadores y Diputados de otras organizaciones diferentes al PRI, seguían sin poder luchar en igualdad de circunstancias contra ellos, pues al árbitro electoral era el Secretario de Gobernación, quien es el brazo derecho del Presidente en turno.

Es probable que ese 1977 sea el inicio de algo que culminó en la fugaz aparición de un Instituto Federal Electoral (IFE) ciudadano, donde la gente al fin pudo votar de manera libre con un árbitro imparcial y ajeno a la Secretaría de Gobernación. Lamentablemente, ese 1977 también fue el comienzo de la regresión y pérdida de "pensamiento crítico" de los habitantes.

Sistema de partidos y población comenzaban a caminar en sentidos opuestos; lo ideal es que siguieran caminos paralelos, de apertura y desarrollo. Al final los habitantes de México comenzaron por dejar de exigir a través de los canales adecuados, debido a la desilusión política-electoral, tomando la calle como único medio, olvidando la vida institucional por los altos grados de corrupción en sus filas.

El PRI descompuso instituciones y de forma indirecta comenzó a romper el modelo de rigidez que había construido después de la Revolución Mexicana. El resquebrajamiento había permeado a la mayoría de la población, excepto a los estudiantes universitarios, hasta hace pocos meses, ya que ellos olvidaron la formación ideológica para motivar cambios políticos. Los estudiantes confundieron revuelta con revolución.

Los caminos adecuados para exigir pueden pasar por la protesta, pero de una manera en que otros sectores se vinculen, como ocurría varias décadas atrás. El pensamiento y perfil de estudiantes que salen a exigir cambios es de corte marxista, y muchos de ellos consideran una dictadura del proletariado como fase de transición entre nuestro actual modo de producción a un sistema comunista o socialista. Justo aquí es donde los jóvenes caen en confusión y muestran una carencia intelectual, ya que una condición necesaria para la protesta y lucha para alcanzar esa dictadura del proletariado es contar con el apoyo de la clase que históricamente lucha contra la burguesía: los obreros fabriles. De no contar o buscar el apoyo de los trabajadores, un segundo camino es el de las armas. Aquí es donde nuestros jóvenes confunden revuelta de revolución, pues leer panfletos y pegar carteles no es revolucionario.

Los estudiantes permanecen aislados sin contacto directo con ningún trabajador, y no sólo eso, otro amplio sector que no está conforme con el primer grupo de corte marxista, cae en la burla y difamación sin proponer alternativa real o propuestas. A pesar de considerarse a los estudiantes como un grupo ajeno a la enajenación, ellos también han sido alcanzados por esta situación.

Es lamentable que el sector de la población que está en mejores condiciones de preparación para iniciar cambios, quede atrapado en una maraña ideológica mal definida. Los marxistas más radicales no confían en el Estado, mientras que su contraparte, sigue pensando en el mercado como la solución a nuestros problemas. Ambas posturas tienen un sustento ideológico, pero la mayoría de los estudiantes desconocen eso. Luchan contra el Estado sin siquiera saber la razón exacta, y mucho menos por los medios incorrectos. El Estado falla y en vez de reformarlo, reniegan de él.

El resto de la población fuera de las universidades se encuentra  poco satisfecho con la actitud de los estudiantes, ya que estos en ningún momento regresan algo a la sociedad para mejorarla, salvo muy contadas excepciones.

A pesar de que el sistema político mexicano cambió respecto al del siglo pasado, la gente en general se acostumbró a una protesta sin fondo y forma gracias a los hábitos priistas. El salir a la calle a exigir lo que en el Congreso se debe discutir, no es más que el claro signo de descomposición de México y sus instituciones, un México invertebrado. No importa el grupo o actividad, todos consideran a la calle como el sitio donde se deben discutir los problemas nos lleva a políticos que ceden ante la turba callejera para no perder sus posiciones de poder y beneficio; gente que no confía en el Congreso, pero tampoco busca alternativas a las existentes.

A pesar de saber que más de uno no estará de acuerdo conmigo, la población en general ha sido cómplice de la inmovilidad del sistema. Han existido cambios que la población no supo explotar para darle vitalidad a la Cámara de Diputados y Senadores, pues como ya mencioné, una protesta en la calle basta para obtener un beneficio a ese grupo, sin cambiar nada de manera sustancial, olvidando a los demás.

No hay conexión entre ningún nivel de la sociedad e instituciones. Todos somos culpables por dejar a México invertebrado. La única respuesta es una reforma a todo el sistema político, donde la sociedad debe estar presente de manera obligada en las negociaciones. Sólo así se podrá vincular a todo el país, de lo contrario seguiremos en la misma farsa democrática, pero ahora con más partidos políticos rolando posiciones de poder. Enrique Peña debe tomar todo esto como prioridad en su agenda política el 1 de diciembre.

 

Edmar Ariel Lezama
@edmar_ariel
edmar_ariel@hotmail.com

 

Reuters
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