By Daniel Higa Alquicira | October 22, 2012 9:11 AM CDT

Operación limpieza en la SIEDO, perdón SEIDO

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Operación limpieza en la SIEDO, perdón SEIDO

 

Operación limpieza en la SIEDO, perdón SEIDO
Operación limpieza en la SIEDO, perdón SEIDO

Daniel Higa Alquicira.- Hace unos días, el titular de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO), Cuitláhuac Salinas Martínez, anunció algo que era un fuerte rumor desde hace algún tiempo: que funcionarios (7 al menos) de esa y otras dependencias federales filtraban información a gente del crimen organizado.

Detenidos y con un proceso en contra por delitos de delincuencia organizada, delitos contra la salud y lavado de dinero, estos funcionarios  -tres de la propia SEIDO- daban parte a los abogados de algunos grupos criminales sobre los operativos, órdenes de aprensión, cateos y los avances en los procesos judiciales que seguían algunos detenidos relacionados con el crimen organizado.

Según las averiguaciones previas que empezaron desde febrero, estos funcionarios  filtraban información a gente de Los Zetas, Los Beltrán Leyva y el Cártel de Sinaloa. Además, están las declaraciones de algunos testigos protegidos que confirmaron la identidad y la manera en que operaban estos "traidores" desde las entrañas de algunas instituciones del gobierno federal.

Esta noticia que parece aislada y hasta cierto punto lógica, tiene un grave impacto en lo que el gobierno de Calderón visualizó como su gran objetivo en esta "guerra contra el crimen organizado", que fue blindar de la corrupción a las instituciones de seguridad pública -sobre todo a la PGR- y de impartición de justicia, para volverlas inalcanzables a los tentáculos del narcotráfico y otros grupos de criminales poderosos.

A nivel social, se puede visualizar que esta "guerra" desatada desde el 2006 ha sido muy costosa, dañina y muy cuestionable. El precio ha sido un desgarramiento del tejido social que no solo impacta a las familias de los 60 o 70 mil muertos, sino que miles de familias han perdidos sus propiedades, sus fuentes de trabajo y su visión de futuro debido a la inseguridad; que esta es otra forma de perder parte de la vida.

A esto el gobierno federal lo ve como "los daños colaterales". Como las consecuencias lógicas e inevitables de "enfrentar valientemente" al crimen organizado. No hay remordimientos, no hay autocritica -al menos públicamente-, hay mucha cerrazón y hasta desprecio por parte de las autoridades cada vez que se hace un reclamo que tenga que ver con estos temas.

Pero que en la propia SEIDO, (después de tantos años con el SIEDO, ahora parece un trabalenguas decir SEIDO) aparecieran traidores, es un golpe tremendo a la PGR, al gobierno federal y al propio Calderón.

Decían que iban a limpiar a la PGR y ni Eduardo Medina Mora ni Maricela Morales lo han logrado -y vaya que lo han intentado-. Con esta detención de 7 altos funcionarios queda demostrado que el gobierno federal no ha podido ganar la batalla en las calles, pero tampoco lo ha logrado en su propio territorio -que son las instituciones-, donde se supone tiene pleno poder y control sobre sus miembros.

Seguramente cuando Calderón deje el poder, utilizará un discurso muy parecido al que utilizó Gustavo Díaz Ordaz cuando se refirió a ese octubre de 1968 "que no se olvida". Es decir, que todo se hizo pensando en la seguridad del país y que había que enfrentar a los enemigos que ponían en peligro la estabilidad y el futuro de México.

Aunque en este caso Calderón tendrá mucha más razón que Díaz Ordaz, el no ver  ni oír el clamor que dejan 60 mil muertos es síntoma de que creyeron y seguirán creyendo -aún lejos del poder - que su estrategia era la única forma de detener al crimen organizado. Y nada los hará cambiar de parecer.

Sin embargo, no lograr blindar contra la corrupción a las instituciones encargadas de la seguridad pública del país, irse con el fantasma de los accidentes aéreos como recordatorios de posibles atentados perpetrados desde adentro de su gobierno y confirmar que el poder del crimen organizado no solamente "compró" a funcionarios menores y de gobiernos locales, sino a altos funcionarios federales, es una derrota con la que tendrá que vivir Calderón y que seguramente golpeará su ego de estadista.

Que esto no es culpa suya es cierto. Que forma parte de una cultura corrupta con la que se educa el mexicano, también es cierto. Pero no cumplir su principal objetivo, de convertir a las instituciones mexicanas en ejemplo de limpieza y anticorrupción es un fracaso del gobierno calderonista.

Creer que por decreto las cosas iban a cambiar fue un cálculo erróneo más en la lista de errores que conlleva la "guerra contra el crimen organizado". La PGR está infiltrada, el Ejército está infiltrado, la Secretaría de Seguridad Pública está infiltrada,  la Suprema Corte está infiltrada y todas las demás instituciones es muy probable que corran la misma suerte. Es decir, el sistema está infiltrado.

La operación limpieza de la PGR duró seis años y todavía falta mucho para ver un resultado final alentador. Se forman y desaparecen agrupaciones policiacas con la promesa de que funcionarán mejor que las anteriores y vuelven a fracasar.  Así nomás, la "guerra contra el crimen organizado" lleva casi seis años y ha dejado 60 mil muertos y más de 10 mil desplazados (sin contar a los desaparecidos).

No importa cuántos grandes capos del top ten de  la lista oficial están detenidos o hayan sido abatidos, la realidad indica que para poder luchar contra las organizaciones del crimen organizado hace falta mucho más que balas...

 

Reuters
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