By Marco Arellano Toledo | October 18, 2012 8:10 AM CDT

Caminos de Michoacán o la indolencia de todos

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Caminos de Michoacán o la indolencia de todos

 

Al menos 49 normalistas consignados en Michoacán por disturbios
Al menos 49 normalistas consignados en Michoacán por disturbios

Octubre 17, 2012

Las acciones de los normalistas y las autoridades en Michoacán son un pretexto para explorar los problemas más profundos que vive ese estado. No son un hecho aislado, sino una muestra más del panorama adverso de la entidad. Es necesario hacer un alto en el camino y mirar lo que ahí ha pasado al menos en los últimos 6 años. El panorama es frío y triste. Michoacán puede ser un referente de lo que ha sucedido al México de la alternancia democrática. Sus problemas son característicos de tres factores claves para entender las consecuencias de una transición votada que no logra provocar encanto al ciudadano: 1) un marco normativo fallido, en donde las leyes que nos hemos dado no se respetan ni se hacen respetar; 2) una disonancia de los diferentes niveles de gobierno derivado en gran parte, del mosaico partidista que los gobierna, pero también por las ambiciones que cada uno persigue; 3) una pérdida del sentido de existencia colectiva de la propia sociedad que mira impávida el pasar de los días, quizá por miedo, quizá por desgano, como si todo tuviera un final trágico, un destino inexorable o una solución milagrosa de un día para otro; una sociedad que dificilmente se organiza y le pide cuentas a su gobierno.

Durante estos 6 largos años en Michoacán, hemos podido asistir a un escenario dantesco donde se ha desbordado la violencia extrema, sanguinaria, impune. Asesinatos, delincuencia organizada, invasión de tierras, predios, cobro ilegal por derecho de piso, a tener un taxi, a tener un negocio, derecho a vivir. En ese Estado, hay secuestros, cierre de calles, quema de autos, personas "levantadas" [palabra que peligrosamente se ha anidado en el lenguaje común] y desaparecidas sin que nadie dé razón de ellas. En los últimos años, diversas organizaciones criminales pelean por el control de la entidad, evidenciando que la autoridad no lo tiene, mostrando su incapacidad de brindar seguridad. Incluso, uno de los grupos delictivos más peligrosos, se autonombra "La Familia Michoacana"  y uno de sus principios rectores es "defender" a los michoacanos de otros grupos de delincuentes e incluso del propio gobierno, mirando a todos como una "familia" que protege a los demás. En suma, en Michoacán ha pasado de todo y no ha pasado nada. Todo es impunidad. Nadie respeta la ley ni el gobierno la hace respetar.

Pero la violencia desgarrada no es lo único que tiene a ese Estado así. Sus problemas asociados al nuevo contexto democrático en el que vivimos son profundos. Los diferentes órdenes de gobierno sufren de un mal parecido al antiguo y mitológico Dios Jano, que teniendo dos caras, nunca se podía observar la una a la otra y eso le generaba una negación de su otredad. Ilustraré esta negación a partir de tres procesos que suceden en los diferentes órdenes de gobierno. Primeramente el local. Ahí, el gobernador del Estado es del PRI, Fausto Vallejo, sin embargo en los últimos doce años había gobernado el PRD, del cual, se presumía que Michoacán era uno de sus bastiones más importantes. Hubo un voto de castigo para este partido y llegó la alternancia. Sin embargo ésta no ha sido tersa, sino todo lo contrario. No hubo una comunicación virtuosa que permitiera la entrega del ya debilitado gobierno de Leonel Godoy a su sucesor. El proceso estuvo accidentado, lleno de tropiezos, pero sobre todo faltó cooperación, pues hubo una suma de obstáculos sobre la entrega-recepción del gobierno saliente que ha dificultado el caminar del entrante. Los resultados saltan a la vista, el nuevo gobernador después de casi un año, apenas logra asentarse en el poder sin entregar ningún resultado contundente. La negación de la otredad política es evidente.

En el ámbito federal ha habido otro tipo de problemas. El presidente de la República al ser michoacano y en todo momento tratar de estar presente en el que considera su Estado, muchas veces, con modales arbitrarios, otras más de forma sosa y calumniosa, ha tensado absurdamente la relación con los gobernadores, siempre diferentes al partido al que pertenece. Dos ejemplos saltan a la vista. El primero, refiere el uso facineroso del ministerio público federal que en mayo del 2009, por presuntos vínculos con el crimen organizado, persiguió, exhibió y encarceló sin pruebas sólidas a 11presidentes municipales [8 del PRI, 2 del PRD y 1 del PAN], 16 altos funcionarios y un juez del Estado. El segundo ejemplo fue el apoyo desmedido que le dio el presidente de la República a su hermana, primero dentro de su partido y luego en la contienda electoral para gobernador en 2011. Si bien, Luisa María Calderón había construido una carrera sólida en el Estado siendo diputada en 1988 y senadora de 2000 a 2006, fue notorio el apoyo del presidente para lograr su candidatura a gobernadora y luego de su derrota frente al PRI, también le brindó apoyo para lograr un escaño en el senado para el periodo 2012-2018. En ambos casos, se muestra una anulación del otro, de la diferencia, de la competencia. Ganar por ganar. Es Jano nuevamente, el que no puede ver a su otro.

Además de los problemas de dos niveles de gobierno, federal y local, el municipal también es una expresión compleja que se manifiesta. En Michoacán existen 113 municipios, de acuerdo a los resultados electorales del 2011, el 42% de ellos son gobernados por el PRI [48 municipios en total]. El PRD de forma unitaria y coaligado con el PT y Movimiento Ciudadano gobierna el 29% de ayuntamientos [33 municipios]. El PAN por su parte, controla el 24% de ayuntamientos [27en total]. Los cinco municipios restantes son gobernados,  uno por Nueva Alianza, dos por el PVEM, uno por usos y costumbres y el de Morelia, que se decidió hasta este año ya que la elección fue anulada. Ahora, en 2012, fue el PRI quien ganó Morelia. La compleja arquitectura partidista que gobierna el Estado, orilla a una descoordinación total, tanto en la prevención del delito, como en la capacidad de respuesta ante hechos delictivos. La comunicación en algunos municipios es fluida, en otros casos se comportan como archipiélagos con un poder disminuido, administración pública torpe, policías mal capacitados e insuficientes.

El collage y sus resultados saltan a la vista mostrando la falta de Estado, de instituciones y de nivelación y coordinación de los distintos órdenes de gobierno, mismos que decantan un terreno fértil para que se anide la delincuencia, el tráfico de armas, el control de los territorios por grupos delincuenciales, la impunidad y la violencia.

Por último, el tercer factor que ha potenciado la crisis de ese Estado y del cual es corresponsable toda su ciudadanía, es precisamente una fractura de la colectividad. En Michoacán el sentido de existencia colectiva se ha perdido o al menos se ha adormilado. El desgarro que vive el Estado, el miedo de la gente, la inseguridad, los levantados, las calles tomadas, los carros incendiados, la huelga de los autobuses que le niega a los ciudadanos el transporte por todo el territorio como consecuencia de la inseguridad de los caminos, ha hecho que la gente esté impasible, indiferente, quizá temerosa, quizá angustiada.

En Michoacán algunos de los más jóvenes ya no cruzan la frontera a Estados Unidos buscando el sueño americano como se hacía antes. Ahora, muchos de ellos se incorporan al crimen organizado, se paga bien, se arriesga mucho, pero se destaca dentro de la comunidad, al menos infundando miedo, provocando angustia. Los más viejos deambulan las calles y los caminos [sólo de día] procurando no mirar feo a nadie, no confrontarse con nadie, cuidándose de todo y de todos.

El pináculo  de este problema se puede ubicar el 15 de septiembre de 2008, donde se les revelaría a los michoacanos que ellos no son libres, al menos no de la violencia, pues estallaron varios artefactos explosivos en pleno centro de Morelia, la capital del Estado, provocando la muerte de varias personas, el pánico y el desorden. Al final se aprehendió a los autores materiales del atentando, pero a partir de esta fecha el crimen organizado dejó claro que su lucha no incluía solamente los intereses de control de la plaza ni a sus involucrados, sino también a la sociedad civil inocente y ajena a sus intereses y conflictos.

Estos son los saldos de la guerra contra el crimen organizado que combaten tres niveles de gobiernos desorganizados, de diferentes partidos, con diferentes estrategias, matices y perspectivas. Su ineficiencia e inoperancia, así como las disputas políticas muestran el caos de gobierno, que se expresa como una cara triste de la transición política que hemos vivido  y también podrían ser una aproximación a lo que nos sucede como país.

Los michoacanos hoy se encuentren callados, sin levantar la voz, sin queja alguna, como esperando un desenlace final o un futuro halagüeño que lo cambie todo de tajo regresando las cosas a como eran antes. La sociedad michoacana sufre en silencio. Ojalá despierte y contagie a todo el país sacándonos de esta indiferencia que nos perfila como unos déspotas de la tragedia del otro.

Los caminos de Michoacán, igual que el nombre de aquella canción tan característica de ese Estado, deben de ser ocupados por la ciudadanía, apropiándose de ellos, caminando las calles, marchando,  señalando los errores de los tres niveles de gobierno, demandando seguridad, paz, trabajo, educación, salud. Se debe reivindicar el derecho de vivir, de sentir. Imaginar que las cosas pueden cambiar debe ser un deseo de todos, mismo que debe materializarse en realidad a partir de acciones contudentes, de valentía, esfuerzo y coraje. Su ejemplo podría potencializar esfuerzos en otros Estados de la República que adolecen de este mismo mal. Aún hay tiempo, posponer ese llamado es consumirnos como sociedad.

Marco Arellano Toledo

Politólogo

Profesor de Ciencia Política, adscrito al Centro de Estudios Políticos de la FCPyS -UNAM

Twitter: @marellano7

 

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