By Edmar Ariel Lezama | August 8, 2012 11:30 AM CDT
Rechazados de la UNAM e IPN y su propuesta educativa
Rechazados de la UNAM e IPN y su propuesta educativa
Desde hace un par de meses, un amplio grupo de jóvenes ha venido denunciando la falta de espacios e interés de instituciones de educación superior hacía ellos, razón por la cual, de acuerdo a su decir, no pueden acceder a ninguna universidad pública.
Hasta hoy, el único medio para filtrar a las enormes cantidades de alumnos que intentan ingresar a centros educativos es vía examen de conocimientos generales.
Para muchos, el anterior método no es la forma adecuada de elegir quien está capacitado para comenzar estudios más allá del bachillerato; esas mismas personas sugieren que el camino sea libre, y que al final se acepte a todos los que desean formar parte de alguna universidad pública.
Lo anterior es deseable, pero para nada es viable, ya que la primera limitante que surge es con la asignación óptima de recursos físicos y monetarios; éstos son limitados y se debe trabajar con lo que existe a la mano.
Un segundo punto que imposibilita aceptar a cualquier individuo a una Licenciatura o Ingeniería, es la parte de capacitación y orientación que ha recibido a lo largo de su vida. Suponer que todos pueden y deben ir a la universidad es una concepción muy citadina, muy de las grandes urbes. Pensar que en la periferia de las ciudades capitales o en el campo mexicano sus jóvenes desean lo mismo que sus similares urbanos es un grave error. Las necesidades y aspiraciones que el modo de producción ha creado son completamente diferentes entre uno y otro.
En la ciudad muchos creen que el acceder a un programa en ciertas universidades es sinónimo de éxito laboral y social; quien ha realizado el examen de selección a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) e Instituto Politécnico Nacional (IPN), rechazó la propuesta educativa que el Gobierno Federal ofreció como alternativa y solución a esos jóvenes, por lo que debemos preguntarnos a detalle sobre el contenido del discurso de los alumnos rechazados.
En un primer momento critican por la falta de espacios, pero en cuanto la Secretaría de Educación Pública (SEP) gestiona la apertura de lugares en otras universidades, los rechazados declinan la propuesta y deciden seguir en la lucha.
Lo siguiente a analizar es la postura que tienen los alumnos aceptados y rechazados, ya que quien se encuentra hoy dentro de alguna institución de educación superior poco caso hace a las demandas de los menos afortunados; mientras quien está fuera de ellas, toma una postura individualista, que poco ayuda a jóvenes de clases muy desfavorecidas o del ámbito rural.
Antes de la exigencia justa de un aumento de la oferta educativa, las marchas y descontento social deben estar enfocados a lo que sucede en el nivel básico. Año con año el sindicato magisterial obstaculiza el desarrollo y capacitación de los docentes; el tiempo que se pasa en las aulas es poco y de mala calidad; las condiciones en escuelas urbanas y rurales es pésima.
El Estado gasta año con año enormes cantidades de dinero, pero mal asignadas; la protesta debe ser contra la SEP, contra el sindicato de maestros y buscando una gestión estudiantil que modifique planes y programas de estudio. Marchar exigiendo espacios al IPN y UNAM no es la ruta.
Edmar Ariel Lezana
@edmar_ariel
