By Edmar Ariel Lezama | July 19, 2012 10:03 AM CDT

Rechazados de la UNAM no es por falta de espacios físicos

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Rechazados de la UNAM no es por falta de espacios físicos

 

Rechazados de la UNAM no es por falta de espacios físicos
Rechazados de la UNAM no es por falta de espacios físicos

Año con año, una nota que llena las páginas de los periódicos y alarma a la sociedad en su conjunto, es la cantidad de aspirantes rechazados a cursar una Licenciatura en alguno de los campus de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Este año, la proporción de alumnos aceptados es uno por cada diez; 62 682 personas se presentaron a la prueba y tan sólo se admitieron a 6 500.

Las cifras de inmediato asustan y a la vez generan un entorno de enojo social, debido a que la UNAM se vuelve blanco de críticas por no tener la capacidad o voluntad de admitir a un mayor número de alumnos; muchos argumentan que el espacio físico es suficiente para aceptar a un 30% más. Justo aquí debemos revisar los resultados y comenzar un análisis serio.

De los 62 682 candidatos, un buen número de ellos carece de las habilidades básicas para emprender estudios universitarios. La educación primaria y secundaria en México no está formando de manera satisfactoria a nuestros jóvenes. La educación pública está secuestrada por un sindicato tan corrupto como su lideresa y la alternativa a dicho problema resulta peor solución. En cada barrio de la ciudad de México y los estados de la República, existe una escuela privada por una pública. En dichos centros donde se paga con la esperanza de una mejor formación, las condiciones físicas y de capacidad de los docentes no son las adecuadas. El Estado mexicano es incapaz de brindar una cobertura total en la educación y por eso ha permitido la proliferación de escuelas que no cumplen con ningún estándar de calidad.

En dichos colegios, las condiciones físicas son malas al grado de observar casas o edificios acondicionados para funcionar como centros educativos. Los sociólogos afirman que un fenómeno recurrente en esos lugares es la sensación de superioridad de los padres al poder pagar una colegiatura que aísla a esos niños de la escuela pública del mismo barrio, a pesar de que la formación sigue siendo igual de mala.

En la escuela pública todos los estudiantes del nivel básico obtienen el grado debido a que el Estado puede presumir dichas cifras de cobertura de alfabetización y educación como logros administrativos y de políticas públicas. En las escuelas privadas de mala calidad, un cliente insatisfecho puede elegir otra opción dentro del mercado de educación para matricular a sus hijos. Los centros educativos toleran la ineficiencia estudiantil para no perder alumnos y por ende dinero.

El sistema educativo mexicano está descompuesto, a tal grado de otorgarle un certificado de bachillerato a alguien que no es capaz de comprender una lectura o realizar operaciones básicas numéricas.

En este punto, podemos soltar un dato que da sustento a lo escrito en esta publicación. El 60% de los que realizaron el examen para ingresar a la UNAM obtuvieron 60 aciertos o menos, de acuerdo a datos de la misma Universidad Nacional.

El examen que se aplica consta de 120 preguntas, por lo que 37 610 personas que se postularon a una Licenciatura en la UNAM ni siquiera aprobaron el examen.

Del total nos quedan 25 072 alumnos que estuvieron por arriba de los 60 aciertos, de los cuales no todos aprobaron el examen, ya que la cifra que la UNAM da es para aquellos que han obtenido una calificación de 5 o menos, es decir 60 preguntas correctas, y para obtener una nota de 6, se requieren 72 aciertos, es decir, 12 puntos más.

Si como total, tomamos el dato de 25 072 alumnos y no la cifra de 62 682, podemos concluir que el dato de aceptación no fue del 10%, sino del 26%.

Siendo aún más estrictos, podríamos preocuparnos únicamente por aquellos jóvenes que se quedaron a 10 aciertos o menos de ser admitidos, con lo cual, podríamos elevar el dato de 26%. No es concebible calificar y pensar lo mismo de alguien que en dicha prueba obtuvo 30 aciertos, respecto de alguien que obtuvo 95. Al final la educación básica pesa en ese tipo de pruebas.

Muchos se quejan del alto puntaje para ser admitidos en la UNAM, pero a sus estudiantes de bachillerato que gozan del "pase directo" se les exige un estándar similar.

Si alguien quiere estudiar en la Facultad de Medicina en el campus de Ciudad Universitaria o Facultad de Estudios Superiores Iztacala, un alumno de "pase reglamentado" debe obtener un promedio de 8.7 para tener posibilidades reales para ser admitido. El puntaje requerido en el examen para la misma Licenciatura es de 107 aciertos, es decir, 8.9 de promedio en el examen que se presentó hace unas semanas.

La UNAM está en condiciones de aceptar a más estudiantes cuando estos demuestren las habilidades necesarias para ingresar a una de sus Facultades o Escuelas; al final, el Estado mexicano falla en su misión de calidad educativa y el enojo social no recae en él, sino en la UNAM, quien es la cara visible a la hora de juzgar las incapacidades de los estudiantes mexicanos.

 

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