By Edmar Ariel Lezama | June 21, 2012 11:16 AM CDT
“Yo soy 132” en la ruta equivocada
“Yo soy 132” en la ruta equivocada

El colectivo "Yo soy 132" ha comenzado una etapa de confusión y sin sentido político, más proclive a la gritería y no cercano al razonamiento lógico.
En días anteriores, dicho grupo se mostró ante las cámaras de televisión y prensa escrita para exhibir el apoyo de la lideresa estudiantil chilena Camila Vallejo. La sudamericana como figura mediática, no exigió un planteamiento coherente de lucha para "Yo soy 132", ni tampoco les recordó el histórico discurso que Salvador Allende pronunció en Guadalajara el 2 de diciembre de 1972. A continuación, un extracto de aquella conferencia.
Hay jóvenes viejos que comprenden que ser universitario, por ejemplo, es un privilegio extraordinario en la inmensa mayoría de los países de nuestro continente. Esos jóvenes viejos creen que la universidad se ha levantado como una necesidad para preparar técnicos y que ellos deben estar satisfechos con adquirir un título profesional. Les da rango social y el arribismo social, caramba, qué dramáticamente peligroso, les da un instrumento que les permite ganarse la vida en condiciones de ingresos superiores a la mayoría del resto de los conciudadanos.
Y estos jóvenes viejos, si son arquitectos, por ejemplo, no se preguntan cuántas viviendas faltan en nuestros países y, a veces, ni en su propio país. Hay estudiantes que con un criterio estrictamente liberal, hacen de su profesión el medio honesto para ganarse la vida, pero básicamente en función de sus propios intereses.
Allá (Chile) hay muchos médicos -y yo soy médico- que no comprenden o no quieren comprender que la salud se compra, y que hay miles y miles de hombres y mujeres en América Latina que no pueden comprar la salud; que no quieren entender, por ejemplo, que a mayor pobreza mayor enfermedad, y a mayor enfermedad mayor pobreza y que, por tanto, si bien cumplen atendiendo al enfermo que demanda sus conocimientos sobre la base de los honorarios, no piensan en que hay miles de personas que no pueden ir a sus consultorios y son pocos los que luchan porque se estructuren los organismos estatales para llevar la salud ampliamente al pueblo.
No hay querella de generaciones, y eso es importante que yo lo diga. La juventud debe entender su obligación de ser joven, y si es estudiante, darse cuenta que hay otros jóvenes que, como él, tienen los mismos años, pero que no son estudiantes. Y si es universitario con mayor razón mirar al joven campesino o al joven obrero, y tener un lenguaje de juventud, no un lenguaje sólo de estudiante universitario, para universitarios.
Pero el que es estudiante tiene una obligación porque tiene más posibilidades de comprender los fenómenos económicos y sociales y las realidades del mundo; tiene la obligación de ser un factor dinámico del proceso de cambio, pero sin perder los perfiles, también, de la realidad.
La revolución no pasa por la universidad, y esto hay que entenderlo; la revolución pasa por las grandes masas; la revolución la hacen los pueblos; la revolución la hacen, esencialmente, los trabajadores.
Entonces, uno se encuentra a veces con jóvenes, y los que han leído el Manifiesto Comunista, o lo han llevado largo rato debajo del brazo, creen que lo han asimilado y dictan cátedra y exigen actitudes y critican a hombres, que por lo menos, tienen consecuencia en su vida. Y ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica; pero ir avanzando en los caminos de la vida y mantenerse como revolucionario, en una sociedad burguesa, es difícil.
Hoy el colectivo mexicano olvidó todo el contenido que Salvador Allende dictó en la Universidad de Guadalajara, al quedarse con el único objetivo claro de democratización de medios, sin atender a problemas más graves que pueden llevar a una verdadera apertura de todas las instituciones en México: educación universitaria o técnica de calidad para amplios sectores de la sociedad.
"Yo soy 132" ha sido incapaz de plantear una corriente de ideología propia, por lo cual sigue vivo gracias a los medios de comunicación que tanto critica. Los jóvenes universitarios que apoyan a ese grupo olvidan a los chicos que no están inscritos en ninguna escuela de educación superior, o no se preguntan la razón por la cual no todos están matriculados en un instituto privado.
Tal ha sido su cerrazón del grupo, que no han considerado en ningún momento a la clase obrera, tal como lo recomendaba Allende. Su acercamiento a personas fuera de su círculo es limitado, a tal punto de no invitar y tatar de concientizar a estudiantes de colegios técnicos ubicados en la provincia mexicana.
No basta con leer el "Manifiesto del Partido Comunista" y llevarlo siempre bajo el brazo. El siguiente paso es la acción política e ideológica, la cual es imposible ver en "Yo soy 132" por estos días. Un lenguaje para "no universitarios" con exposición en zonas margines un buen comienzo.
Edmar Ariel Lezama
@edmar_ariel
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