By Daniel Higa | June 14, 2012 10:45 AM CDT

La enfermedad de la silla presidencial

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La enfermedad de la silla presidencial

 

La enfermedad de la silla presidencial
La enfermedad de la silla presidencial

Dicen que México ya cambió, que es democrático y moderno. Que hay apertura electoral, que los votantes tienen libertad para decidir y que no hay ninguna posibilidad de hacer fraudes debido a la pureza de las instituciones. Que se aplica la división de poderes, que hay independencia entre cada uno de ellos y que los políticos, son tan políticamente correctos, que actúan según sus principios y en beneficio de la ciudadanía.

Si todo esto es el México de hoy, porque los candidatos a la presidencia se paran en un escenario diseñado ex profeso para un debate televisivo y hablan como si fueran dioses. Si son tan poderosos como según lo dicen, ¿por qué hay tantos pobres? ¿por qué hay tantos muertos? ¿por qué hay tanto rezago educativo? ¿Por qué no hicieron lo que les correspondía cuando fueron funcionados públicos?

La respuesta a estas preguntas es muy simple, porque la sociedad mexicana sigue creyendo que el presidente es el "todo poderoso" que con su sola presencia puede cambiar o hundir al país. Por que la sociedad en su conjunto -salvo honrosas excepciones como #YoSoy132 y algunos otros movimiento sociales- siguen esperando que un solo hombre resuelva los problemas que como ciudadanos no queremos enfrentar.

Basta escuchar y ver los mensajes que los propios partidos han elaborado en sus spots de propaganda electoral. Cumplir compromisos no debería ser una virtud excepcional de los funcionarios públicos y menos de los gobernantes. Ellos asumen la responsabilidad de llevar a cabo acciones que beneficien a la sociedad. Esta no es una opción, es una obligación de los gobernantes para con la sociedad y utilizar como slogan "Yo si cumplo lo que prometo" es precisamente tildar a los ciudadanos de ignorantes.

Porque estamos tan mal, que vemos como un virtud fenomenal que un hombre cumpla con lo que promete. Nos han tratado tan mal los políticos que solo ofrecen ayuda en épocas electorales. Estamos tan acostumbrados a utilizar la frase "solo cuando necesitan de nuestro voto vienen a vernos", que se ha convertido en una buena justificación de nuestra apatía social y de lo malo que son los políticos. Por eso cuando "cumplen" creemos que están haciendo algo extraordinario.

Por otro lado, "ser diferente no es una gran virtud" ni poder "mirar a los ojos" a los demás es garantía de honestidad y liderazgo sano. Esto reafirma la máxima con la que vive la sociedad: "todos los políticos son iguales". Porque no basta con darse baños de pureza y enlodar a los otros como muestra de valentía. La valentía y el liderazgo van mucho más allá de utilizar el "terrorismo electoral" para engañar y espantar a la gente para ganarse de esa manera su voto.

Bastante tenemos con este baño de sangre de más de 60 mil muertos en lo que va del sexenio de Calderón -ese mismo que prometió ser el "presidente del empleo" y que garantizaba paz y seguridad para los mexicanos y que no cumplió con lo que prometió-, como para que otra vez utilicen el "voto del miedo" y engañen a la sociedad -la que se deje por supuesto- con estupideces como las utilizadas en el 2006 para ganar la presidencia.

En este sentido, estamos tan mimetizados con el autoritarismo -y póngase el color o los colores que quieran- que nos pueden manipular con frases como "se viene una revolución armada" o "van a expropiar las empresas" o "es un peligro para México".

Creemos estás frases a pie juntillas pero somos incapaces de sentir vergüenza e indignación cuando en una guardería mueren decenas de niños por la corrupción de sus dirigentes y que los responsables de no verificar las normas de operación, anden haciendo campaña mientras los padres de estos niños siguen sufriendo la pérdida y la rabia de no poder hacer nada porque todos los culpables "son muy influyentes".

No se vale que vuelvan a utilizar el miedo como principal propuesta. México vive situaciones de terror puro en el norte, el sur, el centro y estos políticos -que ya lo hicieron en el 2006- hablan como si no pasara nada de esto, incapaces de ser empáticos con el dolor ajeno.

Se les olvida que su estrategia de gobierno ha provocado miles de muertos -aunque obviamente no tiene toda la culpa el PAN- y además, han sido tan autoritarios a la hora de defenderla que incluso han ignorado a la sociedad cuando surgen voces de protesta.

Y que tal los vínculos de algunos miembros de su partido con el narcotráfico. Dos ejemplos simples son los dos últimos gobernadores del estado de Morelos, que uno de ellos hasta subía al "helicóptero del amor" a la hija de ("El Azul") uno de  los más importantes narcotraficantes de México. Así que darse golpes de pecho y acusar a miembros del partido rival de tener vínculos con el crimen organizado es una gran ironía. Que hay que denunciarlo es verdad, pero utilizarlo como si solamente pasara en el partido tricolor es manipular la información.

Por el otro lado, "el cambio para México" es una gran promesa que muchos esperamos pero que es muy difícil que suceda. Primero porque el candidato de las izquierdas derrochó su potencial justo después de las elecciones del 2006 y con esas acciones, se ganó la animadversión de muchos que ahora podrían darle el triunfo, pero que están recelosos -y con justa razón- de confiar nuevamente en esta propuesta.

Porque hay que dejar en claro que para nada es violento -esto sin afán de defenderlo, simplemente para ayudar a que las personas tengan elementos para elegir mejor-, pero sus acciones dieron pie a que se mal interpretaran y se utilizaran como una herramienta poderosa en su contra.

Y suponiendo que remontará y ganará las elecciones, México está muy dañado y seis años no serían suficientes para ver un cambio verdadero. Lastimosamente puede suceder algo como lo que pasó con Obama en los Estados Unidos, que eran tantas las expectativas que se salieron de la realidad y terminó siendo una decepción para la sociedad.

Y con esto se comprueba que México sigue viviendo del pasado y políticamente no nos liberamos del yugo presidencial al que estuvimos sometidos durante tantas décadas. El presidente no es el hombre más poderoso ni el más importante de México como nos lo quieren hacer ver. Comparte responsabilidades con otros dos poderes, pero como no entendemos nada de eso, creemos que basta con que el candidato preferido de cada uno gane la presidencia y asunto resuelto.

No, la clave está en la responsabilidad que como sociedad tenemos para enmendar los errores cometidos, no dejarnos engañar y sobre todo, ser analíticos y objetivos a la hora de decidir.

Esto es como un gran sueño, pero si nos están cargando la mano con propuestas irreales y con mentiras vestidas y maquilladas como la panacea, la culpa es nuestra por permitirlo y sobre todo, por seguir siendo una sociedad -con sus excepciones lo vuelvo a subrayar- que no puede ver más allá de lo que pasa en las telenovelas o en los programas donde nos cuentan como viven en su "cuento de hadas" los ricos y los famosos....

Finalmente cada quien es libre de decidir por quien vota o incluso si no vota, pero no se vale dejarse llevar por lo que se ve o se escucha en 30 segundos. Hay que ser valientes y exigir que gane quien gane, sea un beneficio para el país y que podamos decir y sentir que como sociedad, hemos sido capaces de cambiar a México....

 Daniel Higa

www.danielhiga.com

twitter @danielhiga_al

 

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