By Edmar Ariel Lezama | May 28, 2012 9:10 AM CDT
Los riesgos para el movimiento “Yo soy 132”
Los riesgos para el movimiento “Yo soy 132”

A partir de mediados del siglo XX hasta la fecha, un síntoma de que un país comenzaba a dar pasos hacia la modernidad era por lo frecuente de sus manifestaciones y exigencias por parte de la población al Estado. La respuesta que se daba a tal fenómeno, se sustentaba en un aumento de la clase media y por ende, mayor demanda a bienes de consumo e igualdad de oportunidades laborales y educativas.
Es probable que el último caso que ejemplifica lo escrito en el anterior párrafo, sea el chino antes de 2008, cuando la sociedad no conforme con el avance económico y una transición de vida rural a urbana, sumado al premio internacional que significa organizar unos Juegos Olímpicos, salió a manifestarse exigiendo apertura democrática y respeto a los derechos humanos.
En China, quien más fuertes críticas realizó al sistema, fue la parte de la población que asiste a las universidades. Muchos analistas caen en el error de pensar que ellos, al ser una clase educada y con pensamiento crítico, son los únicos capaces de retar al sistema que los oprime.
La respuesta anterior puede ser válida, pero muy probablemente no sea la única ni la de mayor peso, debido a que no sólo en China, sino en todo el mundo, los jóvenes que asisten a las universidades son una clase con comportamiento diferente al del resto de la sociedad. Ellos están alejados de la órbita productiva y no se les considera desempleados; están en constante formación académica y técnica para ingresar a un sistema o modo de producción que critican mientras estudian.
En México, los últimos días hemos visto a miles de estudiantes salir a las calles a exigir se cumplan sus demandas referentes a la imparcialidad de los medios a la hora de cubrir notas sobre la elección presidencial de 2012.
La protesta mexicana se da en un contexto ajeno al chino, debido a que en este país no existe desarrollo, y las demandas a pesar de enfocarse en asuntos de igualdad, tan sólo se quedan en temas electorales y cómo se maneja esa información en los medios electrónicos.
Los estudiantes son merecedores de un reconocimiento amplio y total por su labor frente a la televisión principalmente, pero de momento sigue quedándose muy corta su tarea, ya que en un primer momento, sus baterías deben ser enfocadas a la reorganización de la vida y formación universitaria.
Como ya escribía líneas atrás, los estudiantes son renuentes al modo de producción capitalista y a la élite gobernante, sin meditar que todas las universidades de prestigio en México, están enfocadas en formar cuadros para el sector público y privado, el cual, se encuentra sumergido en el capitalismo, además de que algunas veces, partidos y personajes políticos asientan sus grupos de poder en esos centros del saber.
En la UNAM, varios institutos de investigación son controlados por figuras cercanas al Partido Revolucionario Institucional (PRI) y Partido de la Revolución Democrática (PRD); en la universidad Iberoamericana, el salinista José Carreño, controla asuntos y decisiones académicas; el ITAM es formador por excelencia de capital humano listo para instalarse en el sector financiero a nivel gobierno y público; mientras que el Instituto Tecnológico de Monterrey, forma a sus alumnos como gerentes y directores de la gran empresa nacional, internacional o para hacerlo por su propia cuenta.
Los alumnos de las universidades aciertan en salir a la calle a criticar lo que a su parecer está mal, pero fallan en las formas, pues la televisión está inmersa en un modo capitalista, mientras sus clases en las aulas están formándolos para ingresar a ese mismo modo de producción, y otras veces sus maestros son parte de esa élite que tanto critican. Los jóvenes universitarios son raros, pues casi nunca consideran a quien históricamente es la clase destinada a modificar las relaciones en el modo de producción capitalista: los obreros.
El movimiento "Yo soy 132" debe comenzar por replantearse la validez de los planes de estudio en las universidades e institutos; meditar si son válidos los conocimientos que se imparten para cimentar la nueva sociedad que desean construir. Ellos deben comenzar por exigir la depuración de los partidos políticos en varias universidades, ya que el sesgo comienza desde ahí.
El real riesgo es que de seguir por la misma línea, no ser autocríticos con lo que se enseña y aprende a nivel superior, puede llevar a que dicho movimiento sea un botín apetitoso para un grupo político, pues la experiencia de sus líderes en la confrontación y manejo de masas sean los ingredientes para desvirtuar la protesta; no olvidemos que México vive una situación diferente a la china de 2008, sumada a la contradicción ideológica de protestar contra un sistema para el cual estoy siendo educado.
Edmar Ariel Lezama
@edmar_ariel
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