By Edmar Ariel Lezama | May 8, 2012 12:38 PM CDT

Análisis del debate. Enrique Peña sin plan para el futuro

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Análisis del debate. Enrique Peña sin plan para el futuro

 

Análisis del debate. Enrique Peña sin plan para el futuro
Análisis del debate. Enrique Peña sin plan para el futuro

El día domingo 6 de mayo, cuatro candidatos intentaron intercambiar ideas y propuestas para ganar la simpatía del electorado.

Enrique Peña, ex gobernador del Estado de México y candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la Presidencia de México, mostró la noche del debate como principales argumentos a su campaña cuatro puntos básicos:

1)      Crecimiento económico con empleo

2)      Modernizar PEMEX no equivale a privatizar

3)      Cobertura universal en salud y educación

4)      Cambiar el miedo por esperanza

Lo que Enrique Peña no explicó, fue el camino para acceder a dichas metas. Una postura coherente de su parte, sería  comenzar hablando del Estado y su viabilidad para la creación de empleo y favorecer la productividad, ya que el estancamiento que en la actualidad vive México, es por una estructura atávica institucional.

La cúpula revolucionaria de principios del siglo XX, agrupó a sus cuadros en un partido político, garantizando un reparto adecuado de la riqueza nacional y evitando muertes innecesarias entre aspirantes a la Presidencia.

El PRI creó todo el andamiaje institucional y político que en el corto plazo fue herramienta útil para el desarrollo momentáneo y fugaz de la nación.

La descomposición de México no se dio en un sexenio; fue fruto de la aceptación de relaciones laborales injustas, corrupción y anti democracia sindical. En temas fiscales, la recaudación bajo el régimen priista era ineficiente y se gastaba mal. Se subsidiaba no favoreciendo temas sociales a través de un seguro de desempleo o seguridad social, sino por motivos de control  a masas obreras y campesinas. Los subsidios priistas fueron un capricho que nunca se vinculó al sistema productivo.

Enrique Peña estaba obligado a ser claro, al comunicar que él ni los otros tres contendientes son la solución a todos los problemas de México.

El candidato del PRI habló de "faltar a la verdad" refiriéndose a Josefina Vázquez y Andrés López, siendo él el primero en falsear datos sobre crecimiento durante los doce años panistas y en su gestión como Gobernador;  Peña debió no "faltar a la verdad" y recordar a todos los ex Presidentes priistas y el panista del periodo 2000-2006, ya que ellos prometieron cosas similares que el mexiquense plantea hoy, llegando a fin de sexenio con tan sólo un saldo acumulado de la crisis.

Enrique Peña debió deslindarse del pasado priista que lo condena al proponer un plan similar al que usó España entre la transición de la dictadura a la democracia.

Los pactos que Peña estaría obligado a llamar, deben involucrar a todos los actores políticos, obreros y empresariales. Estos deben pasar por dar fortaleza al Estado, modificar las actuales relaciones obrero-patronales y redefinir el marco Constitucional.

Hasta hoy, el Ejecutivo y Legislativo (la mayor parte del tiempo con dominio del PRI) no ha hecho más que colocar parches a las leyes, volviéndolas inútiles para un desarrollo necesario.

Enrique Peña debió explicarnos que al país, le queda poco tiempo para entender la nueva dinámica social y recomponer su tejido, pues organizaciones criminales han entendido los cambios actuales, razón por la cual, sus ofertas de trabajo son más atractivas que las pocas plazas creadas en el mercado de empleo formal.

En el caso PEMEX, Enrique Peña antes de plantear inversión privada, está obligado a explorar otros caminos como una reforma fiscal, la utilización paulatina de otras fuentes de energía, y remitirse a ese "pacto", donde se impida la corrupción sindical. Hoy los obreros de PEMEX tienen a costa de las cuotas de otros obreros, una vida envidiable que se mantiene con hilos, ya que los beneficios que obtiene el líder son mucho mayores y están cubiertos bajo la opacidad y complicidad de varios actores.

Un líder sindical no puede vivir en los barrios más caros de la ciudad, pues ese nuevo estilo de vida, sólo puede ser mantenido con corrupción y arreglos con la Central de Trabajadores de México (CTM). En la República priista, los líderes sindicales se volvían eternos en la dirigencia, además de proponer candidatos al Congreso y en algunos casos, gubernaturas. Lo anterior estancó el modelo productivo y redujo el nivel de vida de la clase realmente obrera, además de permitir el arribo no de los más capaces a altos puestos de la administración pública.

Enrique Peña debió recordar que durante el pasado priista, personajes como Napoleón Gómez, Elba Esther Gordillo, Fidel Velázquez, Joaquín Hernández Galicia, entre otros, tomaron fuerza y descompusieron en buena parte la vida de México gracias a la complicidad con el partido en el poder.

Peña dice que él no tiene la culpa del pasado priista, pero tampoco llama a un Pacto Nacional para romper con ese pasado e intentar cumplir sus cuatro ejes básicos. Sin modificar las relaciones sociales, Peña tan sólo fue a vender una imagen al debate y esperar que en 2018 entregue la estafeta habiendo administrado la crisis.

 Edmar Ariel Lezama

Twitter - @edmar_ariel

edmar_ariel@hotmail.com

 

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