By Edmar Ariel Lezama | March 26, 2012 11:51 AM CST

IFE, mal árbitro

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IFE, mal árbitro

 

IFE,  mal árbitro
IFE, mal árbitro

El Instituto Federal Electoral (IFE) y sus consejeros acertaron al proponer y avalar el hecho de que las campañas políticas se acortaran. Hoy día es muy poco probable que alguien no conozca a los principales candidatos y sus partidos que los postulan, además de resultar igual de improbable que existan personas que acudan a esos mítines por voluntad propia. La medida trata de evitar gastos inútiles y el famoso acarreo.

Si el IFE quería completar la hazaña, también debía actuar en coherencia en los demás rubros, es decir, si acorta el tiempo de proselitismo debido a una demanda ciudadana de excesivo gasto en promoción, debió permitir y facilitar el debate por otros medios.

Hoy día los candidatos nada pueden decir en ningún espacio electrónico o impreso ya que se estaría violando la ley. El IFE pudo transformar la forma de hacer campaña política en México y se quedó corto. Si el Instituto, al reducir el tiempo de campaña en las calles lo combinaran con el proselitismo en medios, se generaría un debate de mayor interés. El IFE tiene espacio en radio y televisión que reparte entre los partidos políticos de manera equitativa, por lo que no se tendrían que erogar fuertes sumas de dinero como en el pasado para estar activos en medios electrónicos.

Si el IFE hubiera permitido que los candidatos hablaran sobre ellos, sus propuestas y las debilidades de sus rivales, combinado con el poco tiempo que pasarían en las calles gritando sobre un templete, al paso de los años derivaría en un interés mayor de los ciudadanos por el debate frontal, y cada vez tendría menos repercusión la campaña política tradicional. Las formas de hacer y competir en política tendrían que cambiar.

El IFE al acortar campaña y esconder a los candidatos para que no hablen, no hace mas que volver fallida su decisión de reducir los tiempos de campaña, ya que la atención se centrará en lo que ahí se diga.

Otro cuestionamiento al IFE es una especie de veda eterna sobre los candidatos para que no hablen de otros candidatos. Acaso no sería de utilidad ver a Josefina Vázquez y Andrés López encarar a Enrique Peña tras su error en la Feria del Libro de Guadalajara. Ese encuentro hubiera sido necesario para conocer la capacidad intelectual de los tres, además de darnos una idea sobre cómo podría ser la política cultural de cada uno.

O acaso mirar a Enrique Peña y Andrés López lanzar preguntas en los medios sobre el alto índice de ausentismo de Josefina Vázquez en el Congreso; nada nos garantiza que el desinterés de ella en la Cámara se repita en la Presidencia.

Por qué no podemos ver a Josefina Vázquez y Enrique Peña cuestionar a Andrés López sobre el plantón en Avenida Reforma hace seis años, además de su gusto de mandar al diablo las instituciones, por cierto, las mismas que ahora pretende administrar.

Lo anterior el IFE lo considera como insultos y calumnias, pero el hecho de lanzarse acusaciones puede mostrarnos la habilidad de cada candidato para levantarse a situaciones adversas, además de algo de suma importancia: no quitar de la mente de los electores el pasado de cada uno de los que buscan un puesto de elección popular.

Edmar Ariel Lezama

 

@edmar_ariel

 

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